Querida Mamá

Hoy hace 10 años de tu muerte y me vuelvo a encontrar como entonces perdido y sin un rumbo fijo en mi vida. Muchas son las cosas que han pasado en este tiempo y muchas las experiencias que he vivido, unas buenas y otras malas. Son tantas que parece haber pasado un siglo desde que sostuve tu mano por última vez la peor noche de mi vida.

Recuerdo que me desperté al día siguiente como si de un sueño se tratase y esperé a que volvieras del trabajo, y esperé… y no llegabas, y esperé… y anocheció. De nuevo me desperté con un vacio indescriptible en mi interior y sin saber que hacer ni por donde empezar. Tenía 20 años, acababa de terminar mi primer año en la universidad y no tenía trabajo. Entonces algo me empujó, una fuerza que emanó de mi interior y que me decía que tenía que salir, buscar un trabajo. Lo hice por ti, por mi hermano y lo encontré.

Era perfecto, un trabajo donde conocí a mucha gente y que me impulso a viajar, a conocer mundo. Siempre estabas en mi cabeza, no me olvidaba ni un minuto de ti, pero ese trabajo cambió mi vida. Era como si el destino me hubiera tendido la mano tras una noche de tormenta para rescatarme cuando estaba a punto de hundirme y sucumbir ante lo más fácil que hubiera sido renunciar.

Siempre lo he dicho, no son coincidencias, todo pasa por algo, como aquella vez que fui a Suecia y acabé en Tailandia viviendo la mejor experiencia de mi vida. Pienso que el guión de nuestras vidas ya esta escrito y por eso nunca dejo de hacer aquello que me gusta por miedo a que me pase algo. Si tiene que pasar pasará. Por eso se que todo lo que me esta pasando este año es por algo, sino ¿para qué me está poniendo a prueba el destino? ¿por que ha destruido la vida que tanto me gustaba dejándome de nuevo al principio del camino? ¿qué es lo que me tiene reservado? No sé si tienes respuesta para eso, yo de momento no la tengo, aunque poco a poco se vislumbra un atisbo de esperanza.

Como ves estos 10 años de mi vida han sido como una gráfica llena de altibajos, de alegrías y decepciones, de éxitos y fracasos, de amor y desengaño, pero siempre he tenido presente un principio fundamental que nunca he quebrantado, el respeto a los demás. Todos los días cuando me levanto intento ser mejor persona, porque me criaste así, y porque sé que así te sentirás orgullosa de mí.

Tranquila mamá, sabes que soy fuerte y no me rendiré, que cuando me ves mal pienso en ti y me recupero, que eres lo que me empuja a seguir buscando la felicidad absoluta. Estoy seguro de que existe.

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