Sal ahí y gana!

mama Anoche vi a mamá, llevaba un bonito vestido blanco con ribetes dorados y flores malva. Su cabeza estaba adornada con una corona de laurel que sujetaba su larga melena color ocre. Estábamos en una habitación blanca, cuadrada y sin ventanas, hacía frío pero el hecho de verla anulaba mis sentidos, estaba petrificado.

De repente levantó su mano, señalo con su dedo a través de mí y dijo: “Sal ahí y gana”. Miré hacía atrás y la habitación continuaba como un largo pasillo, le miré de nuevo y no estaba. Comencé a caminar y no veía el final, una brillante luz impedía que viese donde terminaba, así que empecé a correr. Corrí con fuerza y la luz cada vez era más cegadora hasta que de pronto cesó en su brillo y me vi en la calle. La gente gritaba y me animaba, delante había un coche con un crono en lo alto y las luces de emergencia. Miré mis pies y calzaba mis Saucony, llevaba un dorsal y mi ropa de carrera. Creí haber entendido el mensaje y seguí corriendo, a mi espalda dos hombres me seguían a un ritmo fuerte pero nada me detenía. Entonces gire en una curva y vi el arco de meta, lo crucé y el sonido del chip se hizo agudo e insoportable, lo que me hizo cerrar los ojos.

Cuando abrí los ojos me encontré de nuevo en la habitación blanca, frente a mi de nuevo mamá señalaba a través mía y decía: “Sal ahí y gana”. Cuando me giré algo me impulsó y caí al agua, esta ocupaba de pared a pared de la habitación y me llegaba por la cintura. Sin dudarlo comencé a nadar y adentrarme de nuevo en la luz. De nuevo se hizo muy intensa y cerré los ojos, al abrirlos me encontré al borde de una plataforma en una piscina y a ambos lados varios nadadores se ajustaban las gafas. Hice lo propio y sonó la megafonía: Preparados, listos… el sonido de la bocina anunciaba la salida, me impulsé con fuerza y empecé a nadar. Mis piernas se agitaban como nunca, mis brazos sentían el impulso del agua y las brazadas largas me llevaron al extremo de la piscina en un tiempo récord. Hice el viraje y me impulsé de nuevo, cuando salí a la superficie mis extremidades volvían a agitar el agua desplazándome a gran velocidad, llegué al bordillo y saqué la cabeza del agua. El público estalló de júbilo y coreaban mi nombre. El sonido de una vuvuzela penetró en mí oído y de nuevo una luz blanca me llevo a la habitación.

Mamá ya no llevaba el vestido de antes, un camisón blanco cubría su cuerpo y su pelo suelto brillaba en exceso. De nuevo me dijo: “Sal ahí y gana”, señalando con su dedo una vez más a través de mí. Una luz emanó del techo y mamá se convirtió en virutas doradas que se evaporaron formando una espiral hacía arriba. Me di la vuelta y la brillante luz me atravesó de inmediato. Aparecí en la puerta de casa, en mi mano derecha sujetaba las llaves del coche y sobre mi espalda portaba mi mochila. Cielo nublado, rayos de sol que pasan a través de las nubes y un nuevo día para salir y ganar. 

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