Desde la furgona

Después de 47.875 metros nadados, 3.689 kilómetros en bicicleta y 404 kilómetros corridos en lo que va de año aquí estoy, en el camping Knaus de Nürnberg tumbado en la cama de arriba de la furgona a 4 días de mi primer Ironman.

Por una vez no estoy nervioso por la competición, algo raro en mí. Me gustaría salir ahí fuera y gritar lo que me pasa, poder decir lo que siento y me pasa por la cabeza, pero no puedo. Aquí nadie me entiende, solo las ardillas que trepan entre los árboles parecen hablar el mismo idioma que yo. Me tumbo boca arriba, el aire que se cuela entre las mosquiteras abraza mi cara, no es el abrazo que necesito. Cierro los ojos, esos que dicen ser el espejo del alma me devuelven la mirada, estoy vacío. El sonido de las ramas de los árboles se mezcla con las risas de los niños que juegan alrededor. Yo, aquí dentro de la furgo, sigo ajeno a todo lo que ocurre en el exterior, intento que pase el dolor que siento en el pecho. Nadie me explica nada y no se lo que pasa, solo que te extraño tanto que podría ir a buscarte nadando, en bici o corriendo para que estemos juntos de nuevo.

Y entonces cierro los ojos, y escucho de nuevo los árboles, ya no hay niños, solo el silbido del viento… respiro, y deseo que mañana a 3 días de la prueba amanezca sereno… y duermo.